Por Isaac Ramos López
Claudia Sheinbaum viene a San Luis Potosí a presentar resultados.
Y los números, en varios rubros, son positivos.
La economía es uno de ellos.
México mantiene una economía competitiva. Con capacidad de resistencia. Con sectores productivos que siguen trabajando.
Ahí están los empresarios.
Pero, sobre todo, están los trabajadores.
Son ellos quienes todos los días mantienen en movimiento al país.
También están los programas sociales. Millones de familias reciben apoyos que representan un ingreso importante y que, de manera directa o indirecta, contribuyen al movimiento de la economía.Hasta ahí, los resultados están sobre la mesa.
Pero un informe de gobierno no puede ser solamente una lista de cifras positivas.
También debe hablar de lo que falta.
Y hay un pendiente que no puede esconderse detrás de ningún número:
la salud.
En San Luis Potosí siguen apareciendo denuncias sobre carencias en hospitales.
Hace apenas unos días, trabajadores del Hospital General de Soledad hicieron públicas diversas necesidades que enfrentan en su trabajo cotidiano.
No es un asunto menor.
Tampoco es nuevo.
En las regiones del estado la situación sigue siendo complicada.
Huasteca.
Zona Media.
Altiplano.
Pacientes que necesitan especialistas siguen teniendo que trasladarse hasta la capital.
Y cuando una persona enferma tiene que recorrer cientos de kilómetros para conseguir una consulta, un diagnóstico o un tratamiento, algo está fallando.
Porque la salud no puede esperar.
El cáncer no espera.
Una enfermedad renal no espera.
Una cirugía no espera.
Un paciente tampoco.
Por eso resulta insuficiente hablar solamente de nuevos programas.
La visita médica casa por casa puede ser importante.
Las brigadas pueden ser necesarias.
Los anuncios pueden sonar bien.
Pero al final existe una pregunta mucho más sencilla:
¿Hay medicamentos?
¿Hay especialistas?
¿Hay tratamientos?
¿Hay atención oportuna?
Ahí está el verdadero examen.
Y tampoco puede el Gobierno del Estado deslindarse de su responsabilidad.
Ricardo Gallardo Cardona llegó al poder con promesas concretas en materia de salud. Entre ellas estuvo la construcción de cinco hospitales.
El compromiso fue anunciado.
La expectativa se generó.
Pero el tiempo ha pasado.
Y la pregunta sigue vigente:
¿Dónde están esos hospitales?
No se trata de negar lo que se haya hecho.
Se trata de preguntar por lo que todavía falta.
Porque gobernar también significa cumplir.
Y rendir cuentas significa explicar qué se hizo, qué no se hizo y por qué.
En San Luis Potosí hay una realidad que ningún informe puede maquillar:
hay ciudadanos que siguen esperando.
Esperan una cita.
Esperan un especialista.
Esperan un medicamento.
Esperan una cirugía.
Esperan una respuesta.
Y cuando se habla de salud, esperar puede convertirse en algo mucho más grave que una simple demora.
Puede convertirse en sufrimiento.
Puede convertirse en desesperación.
Puede convertirse en una vida que se deteriora.
Por eso el informe presidencial debe escucharse completo.
Hay avances que deben reconocerse.
Pero también hay pendientes que deben señalarse.
Porque reconocer los resultados no significa guardar silencio frente a las deficiencias.
Y señalar los pendientes no significa negar los avances.
Significa exigir que el gobierno, en todos sus niveles, haga lo que tiene que hacer.
La salud no debe ser un asunto de colores políticos.
No debe ser propaganda.
No debe ser discurso.
Debe ser atención.
Debe ser medicamento.
Debe ser especialista.
Debe ser tratamiento.
Debe ser oportunidad.
Porque al final, detrás de cada cifra hay una persona.
Y detrás de cada persona hay una historia.
Por eso, cuando hablamos de salud, no hablamos de estadísticas.
Hablamos de vidas.
Y las vidas no pueden esperar otro informe.




