Por Eduardo Nava Díaz
Cuando Guadalupe Taddei llegó a la presidencia del INE en abril de 2023, Andrés Manuel López Obrador se tomó la molestia de defenderla desde la mañanera: era, dijo, una “mujer honesta”. Ella correspondió con un gesto que entonces se vendió como prueba de virtud, se bajó el sueldo casi 60 mil pesos para no ganar más que el presidente. Tres años y medio después, la funcionaria que posó como alumna ejemplar de la austeridad republicana deja el cargo con la Auditoría Superior de la Federación revisándole contratos por más de 514 millones de pesos y con su nombre ligado a un proveedor que, según la prensa, hasta le ayudaba a organizar viajes y cumpleaños. El inventario de lo publicado en apenas una semana da pena ajena. Un chofer con sueldo de 45 mil pesos al mes que, al mismo tiempo, tenía poder para pleitos y cobranzas de una de las empresas contratistas. Un asistente cobrando como “líder de proyecto”. Una camioneta blindada de más de dos millones que no era del Instituto y que, según ella, le prestaron, sin decir quién. Un director de Administración que antes fue representante legal de esas mismas empresas. Y un video del hijo de la consejera en una suite de París junto al contratista. Nada de esto es todavía una sentencia y a Taddei le asiste la presunción de inocencia como a cualquiera; pero tampoco son chismes de pasillo. Hay una investigación de oficio de la ASF y cuentas congeladas por la UIF. Lo que de verdad indigna es el patrón. Morena llegó al poder con aquello de “no mentir, no robar, no traicionar” y con la promesa de que la corrupción se barría como las escaleras, de arriba hacia abajo. En los hechos hemos visto Segalmex, La Casa Gris, El huachicol fiscal, negocios a la sombra de familiares y amigos de Andy, y una lista larga de expedientes que el oficialismo prefiere archivar antes que investigar. En 2025, por cierto, la bancada de Morena en el Senado mandó al cajón la petición de que Taddei explicara un arrendamiento de su etapa en Sonora con una inmobiliaria ligada a la familia del gobernador Durazo. Hoy la presidenta Sheinbaum respalda la salida, pero no olvidemos que la soltaron hasta que la ASF puso cifras sobre la mesa y el costo se volvió imposible de cargar. Por eso lo digo sin rodeos: un gobierno que predica pobreza franciscana y tolera esto mientras le conviene es, a mi juicio, el más corrupto que ha tenido el país, porque además de todo mintió sobre ser distinto. En Acción Nacional lo advertimos en 2023, cuando impugnamos su designación por su cercanía con Morena. El tribunal no nos dio la razón; el tiempo sí. Más allá del escándalo, el problema de fondo es el momento. El Proceso Electoral Federal 2026-2027 arrancó el 10 de septiembre y el INE ya venía cojeando: la Secretaría Ejecutiva, la pieza que mueve toda la maquinaria administrativa, ha tenido cinco nombramientos en esta gestión, y la última titular renunció un día antes de que iniciara el proceso. Ahora se va también la presidenta. La ley tiene salida para esto: los consejeros eligen de entre ellos a quien la sustituya de manera provisional y la designación definitiva le toca a la Cámara de Diputados, en un trámite que, según Ricardo Monreal, tomará entre cuatro y cinco semanas. El riesgo no es jurídico, es político. La mayoría de Morena va a decidir quién arbitra la elección en la que Morena compite, y la tentación de cambiar una presidencia cuestionada por una obediente es enorme. Y esto no se queda en la Ciudad de México. En San Luis Potosí la elección de 2027 será concurrente: además de diputaciones federales renovaremos gubernatura, Congreso del Estado y los 59 ayuntamientos. Mucho de lo que hará el CEEPAC depende de reglas, plazos y decisiones del Consejo General del INE, desde la casilla única hasta la capacitación de funcionarios y los nombramientos en los órganos locales. Un INE distraído en su crisis interna es un INE que llega tarde a todo eso. Dicho lo anterior, desde la oposición también toca ser responsables. El Instituto no es Taddei; lo sostienen miles de funcionarios de carrera que llevan décadas organizando elecciones limpias, y sería un error usar este episodio para sembrar dudas sobre el voto ciudadano. Exigir cuentas no es lo mismo que dinamitar al árbitro. Taddei se despidió con una frase que suena bien: “Las personas cumplimos ciclos. Las instituciones permanecen”. Tiene razón, pero las instituciones no permanecen solas. Permanecen cuando quienes llegan a dirigirlas entienden que la independencia no se declara en un comunicado; se demuestra todos los días, empezando por a quién se le firma un contrato. Hace unos años muchos salimos a las calles a decir que el INE no se toca. Esa defensa sigue vigente y hoy implica algo incómodo: cuidar al árbitro también de la tentación de convertirlo en negocio, venga de afuera o de adentro. Las próximas semanas dirán si el relevo fortalece al Instituto o si nada más cambia de inquilino.




