lunes, julio 13, 2026
InicioDestacadaVeinte años de fiesta, cero años de futuro

Veinte años de fiesta, cero años de futuro

Martín Zacarías Ramírez Ramos

La semana pasada, miles de personas se reunieron en el Teatro del Pueblo para celebrar veinte años de un movimiento que no lleva el nombre de un partido, sino el de una familia. Se le llamó aniversario, pero fue otra cosa: una postal de cómo entienden algunos la política en San Luis Potosí — como un patrimonio que se hereda, nunca como algo que se construye.


Se dijo que era un aniversario, pero desde el templete se gritó otra cosa: «vamos a ganar en el 2027». Se presentaron perfiles, se corearon aspiraciones, se ondearon banderas. La prensa documentó señalamientos de acarreo en camiones del transporte concesionado, de trabajadores del gobierno presionados para asistir y de programas sociales condicionados a cambio de presencia. Si todo eso resulta cierto, no estamos ante una celebración: estamos ante el ensayo general de una campaña pagada con la necesidad de la gente. Por eso la dirigencia estatal de Acción Nacional exigió al órgano electoral investigar lo
ocurrido, y por eso el alcalde de la capital dijo algo que comparto palabra por palabra: un evento así no es señal de fuerza, es señal de debilidad. Quien gobierna bien no necesita llenar un teatro para demostrarlo; le basta con que la gente viva mejor.


Pero hay un detalle de esa fiesta que casi nadie mencionó y que a mí me parece el más importante. No fue lo que celebraron hacia atrás, sino lo que anunciaron hacia adelante. Desde el templete se dijo que el proyecto debe mantenerse «en el 27, en el 33 y en el 39». Léanlo otra vez: en el 2039. Un movimiento que nació hace dos décadas como una candidatura municipal, que creció desde Soledad, pasó por la capital y apenas hace cinco años alcanzó el gobierno del estado, ya se está repartiendo el San Luis de dentro de trece años. Un joven potosino que hoy tiene veinte tendría treinta y tres cuando, según ese calendario, todavía estarían festejando. A esa generación —la mía— le quieren vender que su futuro ya tiene dueño, que la política es una
fila para recibir y nunca una mesa para decidir. Y esa generación merece algo más que ser utilería en la fiesta de otros.


Y aquí es donde los jóvenes tenemos que ser brutalmente honestos con nosotros mismos. El hartazgo es real y es legítimo. Pero el hartazgo no se resuelve con nostalgia disfrazada de novedad ni con fiestas disfrazadas de aniversario. Tampoco se resuelve pretendiendo que la juventud, por sí sola, es una virtud: no lo es. La respuesta está en lo que San Luis todavía no ha probado: sumar la energía de una generación que quiere hacer las cosas distinto con la experiencia de quienes handemostrado saber gobernar. Ni relevo que desprecia lo construido, ni continuidad que le cierra la puerta a lo nuevo. Los proyectos que trascienden —en el deporte, en las empresas, en los gobiernos— son siempre los que entienden que el futuro no se hereda ni se recicla: se prepara.


El 2027 no se va a decidir en un templete. Se va a decidir en las calles, en las casas, en la conversación de una generación que ya se dio cuenta de que nadie va a regalarle el futuro. A los que ya se repartieron el 33 y el 39 les digo: el futuro de San Luis no estaba en la boleta de su fiesta. Y a los jóvenes potosinos les digo: la puerta está abierta, la fila para construir existe, y esta vez la historia no la van a escribir los apellidos. La vamos a escribir juntos.

RELATED ARTICLES

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

Most Popular

Recent Comments